De noche, el ritmo cambia, la vida parece distinta... como a cámara lenta. Hay mucha gente que traduce. También hay gente que pasea, como nosotros, con las palmas juntas y los ojos bien abiertos, al acecho de cualquier aleteo. Hay quien escucha música, quién la compone, quien reproduce lo que vive o se reproduce. La noche es saber que nadie te escucha, nadie te vigila: simplemente mandas tú. Amas.
Un perfume.
Caricias en el pelo.
Un estremecimiento.
La carretera está vacía y puedes trazar tu camino, esbozar metas que igual se vendrán abajo con el día que inevitablemente llega a casi la misma hora, mañana. Pero soñar despierto cuando no se pueden recordar los sueños al despertar, también está bien. Además, si es con unos cereales con chocolate a media noche, ya lo tiene todo.
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